Un informe sobre electrificación advierte que, aunque las fuentes renovables ya aportan una parte importante de la electricidad generada en Chile, el transporte, los hogares y otras actividades continúan dependiendo principalmente de combustibles fósiles y otras fuentes no eléctricas.
Chile ha avanzado de manera importante en la incorporación de energías renovables a su sistema eléctrico. Sin embargo, ese cambio no se ha trasladado al mismo ritmo al conjunto de la energía que utiliza el país para movilizarse, producir bienes, calefaccionar viviendas y desarrollar sus actividades cotidianas.
Esta es la principal conclusión que recoge un informe sobre electrificación publicado por la organización Uno Punto Cinco y difundido por ADN Radio el lunes 19 de octubre. El análisis muestra una diferencia importante entre la electricidad que se genera y el consumo energético total de Chile.
En 2025, el 65,6% de la electricidad del país provino de fuentes renovables. No obstante, la electricidad representó apenas el 22,3% del consumo final de energía, y solo el 15,5% de toda la energía utilizada en Chile correspondió a electricidad de origen renovable. El resto se cubre principalmente con petróleo, gas, carbón y leña.
Estas cifras son relevantes porque muestran que contar con una matriz eléctrica más limpia no significa que toda la economía haya dejado atrás los combustibles contaminantes.
El transporte, uno de los principales desafíos
Según el informe, el transporte concentra el 33,9% del consumo final de energía y depende de combustibles en un 98,9%. La electricidad representa apenas una fracción de la energía utilizada para movilizar personas y mercancías.
Aunque Chile ha avanzado en electromovilidad, especialmente con el desarrollo de buses eléctricos en Santiago, la transición todavía enfrenta desafíos en el conjunto del país, donde la mayoría de los vehículos continúa utilizando combustibles convencionales.
La situación también varía según la actividad económica. El informe identifica avances en la electrificación de la minería, mientras que otros sectores han experimentado cambios más lentos.
¿Por qué importa la electrificación?
La transición hacia fuentes de energía más limpias no depende únicamente de generar electricidad renovable. También requiere ampliar las posibilidades de utilizarla en el transporte, la calefacción, los procesos industriales y otras actividades que actualmente dependen de combustibles.
El informe advierte que el ritmo de electrificación ha sido lento: entre 2010 y 2024, la proporción de electricidad en el consumo final pasó de 20,4% a 22,3%.
El cambio tiene implicancias ambientales y económicas. Chile importa gran parte de los combustibles que consume, por lo que una menor dependencia de ellos podría contribuir a reducir la exposición a las variaciones de los mercados internacionales. Además, la sustitución de tecnologías contaminantes puede ayudar a mejorar la calidad del aire, dependiendo de las fuentes utilizadas y de las condiciones de cada territorio.
Sin embargo, avanzar en esa dirección requiere infraestructura, inversión, políticas públicas y soluciones adaptadas a las necesidades de cada sector. No basta con disponer de electricidad renovable si no existen las condiciones para sustituir los combustibles utilizados en las actividades diarias.
Una transición que todavía está en marcha
El caso chileno muestra una diferencia entre dos procesos: transformar la forma en que se genera electricidad y transformar la forma en que se consume energía. El primero ha avanzado con mayor rapidez que el segundo.
La pregunta que plantea el informe es cómo convertir el crecimiento de las energías renovables en cambios concretos en el transporte, la industria y los hogares.
Para un país que ha invertido en ampliar su capacidad de generación renovable, el desafío ahora consiste en que ese avance se traduzca también en un consumo energético menos dependiente de combustibles contaminantes.
Radio Latitud 30 | Ciencia, tecnología y desafíos para el futuro.





